San Pio de Pietrelcina y el Santo Rosario
El amor del Padre Pío por la Virgen y el Rosario inspiró a muchas personas a desarrollar una devoción similar. Hoy, muchos siguen su ejemplo y rezan el Rosario diariamente.
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El amor del Padre Pío por la Virgen y el Rosario inspiró a muchas personas a desarrollar una devoción similar. Hoy, muchos siguen su ejemplo y rezan el Rosario diariamente.
La historia de Mateo nos habla del poder de la transformación personal, del perdón y del propósito divino. Su vida y su evangelio continúan inspirando a generaciones de cristianos a confiar en el llamado de Cristo y a compartir el Evangelio con valentía.
Un santo peruano, de origen español, que con su rosario rescató más de un millón de almas del purgatorio.
María saca su fortaleza de la oración y de la confianza en que la Voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, aunque nosotros no la comprendamos.
¿Por qué los cristianos veneramos un instrumento de tortura y muerte? ¿A dónde nos lleva esta devoción? ¿Tiene sentido? Vamos a ver por qué exaltamos la Santísima Cruz, y por qué es nuestra única esperanza.
El augusto nombre de María, dado a la Madre de Dios, no fue cosa terrenal, ni inventado para ella por la mente humana o elegido por decisión humana, como sucede con todos los demás nombres que se imponen.
El Evangelio no nos da datos de la natividad de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María.
María, al dar a luz a su Hijo, el Salvador de la humanidad, abre de par en par las puertas de la victoria celestial. Por ello, donde por la fe reina María, aún en medio de la humildad y el dolor, también llegará la victoria del Reino de Dios a quienes le permitan gobernar en sus vidas, regocijándose en el amor maternal de la Reina enaltecida por su Hijo, el Salvador del mundo.
La figura de Pío X resalta por encarnar la unión entre la humildad de sus orígenes campesinos y la grandeza de su misión como máximo líder de la Iglesia.
La presencia de María en el Cielo, gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a todos los que hagamos la voluntad de Dios, nos llena de esperanza en felicidad eterna.