
El Bautismo de Jesús se considera otra Epifanía del Señor, su manifestación ante el pueblo judío, la revelación del Mesías, el Salvador, sobre quien reposa el Espíritu Santo.
Bautismo del Señor, nuestro bautismo
Los efectos del bautismo de Jesús se prolongan hasta nuestro propio bautismo, pero ¿de qué manera? Al entrar Jesús al Jordán, santifica sus aguas, volviéndolas santificadoras. Al sumergirse, sepulta al viejo Adán, y así “el Señor, que era espíritu y carne, nos consagra mediante el Espíritu y el agua” (San Gregorio Nacianceno)
El los bautizará con Espíritu Santo
En el Evangelio según San Mateo, Juan le dice a Jesús que es él quien necesita ser bautizado, pero Jesús le replica “Deja que hagamos así por ahora (…)”. Hay un propósito en la acción de Jesús.
Es entonces que, luego de ser bautizado con agua, el Espíritu Santo desciende sobre Jesús, ese mismo Espíritu con el que Él nos bautizará, como a sus discípulos en Pentecostés.
No soy digno de desatarle las sandalias
Juan marca claramente la diferencia de dignidad entre él y el Mesías. En su humildad, durante su predicación, nunca se anunció a sí mismo, sino que anunciaba al que iba a venir a liberar al pueblo de Israel.
Pero Jesús vino a liberar al pueblo de Dios de algo más que su sometimiento al imperio, vino a liberarnos de las cadenas del pecado. Pero también vino para acercarnos a Él, al corazón de Dios, vino a destruir esa distancia entre Dios y los hombres.
No, no somos dignos de desatarle las sandalias, pero Él nos hace dignos, nos ofrece la dignidad de hijos de Dios. No es mérito nuestro, es gracia de Dios.
Hay que nacer de nuevo
Cuando Jesús sale del Jordán, salimos nosotros renovados por el bautismo, por el Espíritu Santo que viene a hacer su morada en nosotros.
En la fiesta del Bautismo del Señor se suelen renovar las promesas bautismales, llevamos una vela para recibir la luz de Cristo. ¿Estamos listos para ser renovados por el poder del Espíritu Santo? ¿Estamos dispuestos a dejar que ocurra otra epifanía en nuestra vida?
- San Juan Pablo II. Extracto de la oración en el sitio del Bautismo del Señor. 21 de marzo del 2000
